Azúcar + Insulina + Ejercicio = Músculo

La moda de la masa muscular que revive el interés en el azúcar

 

La Insulina, es una hormona clave para que nuestras células puedan usar el azúcar;  gracias a ella el músculo aumenta sus reservas de energía y agua, pero también promueve la formación de grasa corporal en el tejido graso del cuerpo y el hígado. Cada vez es más nombrada entre los consumidores, no necesariamente cuando se presenta diabetes, la enfermedad directamente relacionada, sino entre deportistas, personas con sobrepeso, algunos cambios en la piel, siendo quizás una de las hormonas más medidas en personas sanas y enfermas.

 

Gracias a los avances tecnológicos – internet, IA – el cuidado de la salud, la cultura, la educación, la redes sociales, medir la insulina y la glicemia se ha vuelto parte del día a día de las personas a través del relojes y brazaletes con los que se puede percibir, registrar, regular e incluso intervenir para monitorear indicadores de salud o enfermedad. Estos dispositivos se están usando para guiar actividad física, recordatorio de dosis de medicamentos y reportar en tiempo real, información de las funciones normales o alteradas del cuerpo para que el usuario tenga el control de sus condiciones de salud (Lu, y otros, 2020).

 

Si bien el avance de estos sensores tecnológicos genera muchas oportunidades para el desarrollo de sistemas especializados para el cuidado de la salud y la medicina de precisión, hay discusión acerca del uso recreativo que se ha vuelto tendencia en actividades deportivas, más que para la práctica clínica (Lu, y otros, 2020), generando más ansiedad en quien los usa, frente a la decisiones alimentarias, justo por no tener la habilidad de interpretar esa información en el contexto de sus propias necesidades y rutinas.

 

Es el caso de los monitores de glucosa en sangre que muchos deportistas utilizan con el fin de establecer su necesidad de cuándo y con qué alimentarse. Esta tendencia está basada en el modelo carbohidratos-insulina y busca describir en escala individual, el efecto de la alimentación sobre el metabolismo; dice el modelo, que el exceso de consumo de calorías no es la causa del exceso de grasa corporal, sino más bien la distribución de esas calorías entre diferentes alimentos y como factor crucial: la carga glicémica de todos y cada uno de los que componen nuestra alimentación diaria, como predictores de la cantidad de azúcar en sangre después de comer. La insulina es una hormona anabólica, es decir sirve para ”construir” proteína y mantener las células musculares de un deportista, o “construir” grasa en el hígado y otras partes del cuerpo, cambiando la composición corporal (Ludwig , y otros, 2021)

 

Si pensamos en el efecto poblacional de los alimentos reducidos en grasa, por ejemplo, se explica entonces la amplia oferta de alimentos de alto índice glicémico, especialmente por azúcares añadidos, carbohidratos modernos procesados (Ludwig , y otros, 2021), como las maltodextrinas derivadas de maíz y los jarabes altos en fructosa, que se utilizan como sustitutos de grasa para dar la textura y consistencia que el consumidor espera. El modelo carbohidratos-insulina, interpreta la epidemia de obesidad incluyendo factores que van más allá de sólo la cantidad de azúcar, como el aporte de proteína, fibra, composición de las grasas, orden de los alimentos en una misma comida, horarios, picos y valles hormonales más conocidos como ciclos circadianos, nivel de actividad física, y la influencia también de factores ambientales. 

 

Incluso se sabe de la existencia de probióticos, microorganismos que viven en nuestro intestino que pueden influir en el control del peso corporal; la ciencia ha denominado eje intestino-cerebro a la regulación del equilibrio energético y el metabolismo de la glucosa, en el que además del páncreas y la insulina, el hígado y el intestino son fundamentales. Los alcances de la microbiota intestinal se estudian en términos del control de lo que elegimos para comer y la cantidad, el carácter hedónico, es decir, sabores, colores, texturas, y nuestra capacidad de ”gestionar” las calorías (Van Hul , y otros, 2024).

 

Alertas Inteligentes vs Propiocepción y Autorregulación

 

El miedo que ha desarrollado el consumidor sano y saludable frente al azúcar, es más fruto de la ansiedad que del autoconocimiento; es la consecuencia de demonizar un alimento en lugar de educar respecto de la justa medida.

 

Por ejemplo, un dispositivo que devuelva información de la frecuencia cardíaca, la distancia recorrida y las calorías gastadas durante el ejercicio aeróbico, no percibe los cambios que experimenta el cuerpo durante una sesión de pilates intensa, ¿por qué?. Porque cuando el cerebro cede el control de la respiración inconsciente y de supervivencia en la que permanecemos y tomamos control de los segundos en que tomamos el aire, lo expulsamos y el que duramos en apnea o “sin aire”, es la base para gestionar el uso de nuestras reservas de energía – grasa corporal – con fuerza y movimiento. Un dispositivo que mida estos cambios propios de nuestro cuerpo no existe aún, y según el mindfulness es nuestra capacidad de propiocepción y es clave en la estabilidad emocional. 

 

Supercompensación Muscular

 

Es un fenómeno natural que demuestra el mecanismo que tiene el músculo para procesar los carbohidratos cuando hay disminución de sus reservas de energía, priorizando el uso de la glucosa obtenida de la alimentación en la formación de azúcares musculares, glucógeno. En humanos, la ingestión de carbohidratos después del ejercicio aumenta la formación de glucógeno al compás con el aumento de la liberación de insulina desde el páncreas; este aumento tiene dos fases: una rápida inicial, que no depende de la insulina sino de la disminución de los niveles de glucógeno, y la siguiente, lenta y prolongada que sí depende de la insulina (Katz, 2022). 

 

Si el consumo de carbohidratos es continuo durante varios días después del ejercicio, el músculo excede sus reservas, por eso se llama supercompensación (Katz, 2022); en otras palabras, una persona que tenga una rutina de actividad física constante y que ha aumentado su masa muscular, no se “desacondiciona” por suspender el ejercicio y cambiar su alimentación durante 15 días de vacaciones, puede tener un músculo supercompensado que retiene más agua y también más azúcares convertidos en glucógeno, y no necesariamente aumentó la grasa corporal. Esa es la magia de la insulina y el azúcar en un cuerpo acostumbrado al ejercicio de fuerza.

 

En conclusión, popularizar conceptos de salud personalizada a través de dispositivos de salud es un avance inevitable y va a llegar a ejercer un rol importante en el autocuidado; sin embargo, se necesita más investigación en el desarrollo de futuras aplicaciones, siendo indispensable acompañar y educar al usuario para que esa información pueda ser bien interpretada, evitar falsas alarmas y más generadores de ansiedad frente al  funcionamiento normal del cuerpo (Lu, y otros, 2020). Esto cobra especial importancia si la interpretación de la información que nos cuantifican estos dispositivos está enmarcada en la propuesta del modelo carbohidratos–insulina, que propone que regulando momentos de consumo y tipos de azúcares (Ludwig, y otros, 2021) se logra disminuir el efecto de esta hormona sobre el aumento de las reservas de grasa en el hígado y la masa grasa corporal, porque la vida hay que saberla endulzar en su justa medida.

El Arte de Endulzar: Un Camino Vital

Consumidores, Influencers, todos vendemos bienestar 

La influencia de terceros en la decisión final para adquirir algún producto o servicio se considera una etapa inicial del proceso de consumo; las personas buscan información ya sea comercial, pública o de otros. Hoy el consumidor valora que la comunicación sea más humana con base en la energía emocional, interés y tiempo que dedica alguien a compartir su estilo de vida personal, y así acompañar a otros (Pulido & Ortegon, Análisis del uso de influencers en mercadeo, 2023).

 

Cuando se trata de crear valor y satisfacer las necesidades de las personas, hay que desarrollar relaciones sólidas y promover, no sólo la comunicación persuasiva entre ellas, Human to Human – H2H, sino además que su proceso de innovación, de cambio, se materialice en una oferta de alimentos que le afiancen decisiones orientadas a decidir no solo desde el gusto y el placer, sino también que aporten a su bienestar y buena salud (Pulido & Ortegon, Análisis del uso de influencers en mercadeo, 2023).

 

INCAUCA, ha vendido energía siempre; empezó vendiendo energía solar transformada por la caña en glucosa + fructosa y convertida en calorías, energía alimentaria, azúcar. Hoy produce energía de muchas formas, para diferentes usos, pero nunca ha dejado en manos de otros la responsabilidad de endulzar, de cuidar la emoción que da la vitalidad, que necesitamos para celebrar, para sentir que los días amargos y las relaciones ácidas podemos vivirlas con o sin calorías, sin renunciar a endulzar la vida. Esta es la mejor definición de ARTE, no necesita explicación, ni justificación, es inspiración, es intención sin disgusto y el cuerpo lo percibe por los sentidos. Incauca ha humanizado el azúcar, porque no hay nada más humano que el disfrute del sabor dulce y las emociones que expresamos a través de él.

 

La relación entre los azúcares y la salud, es compleja. En los últimos 50 años, el consumo estimado de endulzantes ha aumentado; entre 1977 y 1998 el azúcar pasó de 235 a 318 calorías/día; ya en 1999 se habían añadido más de 69 Kg de azúcares y endulzantes por persona y desde entonces ha coincidido con el aumento de la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, aunque la cantidad de azúcares consumidos ha declinado en los años más recientes, los índices de obesidad han seguido incrementando, lo que sugiere que el azúcar no es el principal inductor de ganancia de peso, se habla más bien de una transición epidemiológica o generacional, dado que el patrón de consumo y ganancia de peso de un niño es predictor de su peso en la adultez. La baja calidad de los alimentos entre los años 50´s y 80´s, la transición entre azúcares calóricos y endulzantes no calóricos cuyo consumo creció 5% en 7 años (2008-2015), la prevalencia de inactividad (cerca del 40%) en los países de más altos ingresos, son temas relativamente “nuevos” en investigación y han venido tomando fuerza (Gillespie, Kemps , White, & Bartlett, 2023).

 

Una revisión realizada en asocio con la Fundación Cardiovascular de Colombia en 2007 ya planteaba este escenario; partiendo de los datos de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud, ya mostraba la importancia de escudriñar esta posible correlación entre los índices de bajo crecimiento en la población menor de 5 años de vida en 1995, y el sobrepeso y obesidad 10 años después en el grupo de mayores de 15 años en 2005 (Ref…); esta revisión mostró…. Esta mirada nos ayuda a humanizar el azúcar y el dulzor como algo propio de nuestra bioquímica, y deshumanizar la obesidad; no sólo se trata de demonizar el azúcar comparándolo con las sustancias adictivas y las decisiones manipuladas, porque el exceso de peso creciente en la población es una epidemia mucho más compleja.

 

Hígado, riñón, intestino, cerebro y músculo, son los que producen los azúcares que necesitamos cuando estamos en ayuno.

 

Ayunamos mientras dormimos o cuando decidimos no comer alimento en respuesta a la sensación de hambre física o fisiológica. Hígado, riñón e intestino, liberan azúcares a la sangre para sostener “el sistema”, para que siga funcionando, para que “no se caiga”; mientras tanto, cerebro y músculo, los producen para reserva de ellos mismos y como materia prima en casos de emergencia (Shah & Wondisford, 2023), es decir, cuando la entrada de azúcares vía alimentaria esté limitada. Esto indica que los azúcares como la fructosa y la glucosa, que son los mismos que componen la sacarosa que se obtiene de la caña de azúcar, son energía humana, es energía celular. De los aminoácidos que forman las estructuras de las proteínas, 18 de 20 se usan para producir glucosa… hasta la proteína que comemos puede terminar convertida en glucosa (Shah & Wondisford, 2023) dependiendo de nuestros hábitos. El que quiera más evidencia, más razones biológicas “que le piquen caña”.

  

Según la norma de etiquetado vigente, para que el consumidor tome decisiones más acertadas, los azúcares se clasifican en Totales y Añadidos; los carbohidratos en general pertenecen a dos grandes grupos: los que suben la glicemia o pasan rápido a la sangre y los que no. En ninguno de los casos se trata de señalar este ingrediente o nutriente naturalmente presente en los alimentos, como “buenos o malos”, sino de formar criterio en el consumidor frente a qué y cuándo tomar unos u otros.

 

Hay alimentos dulces que no han sido endulzados o en los que ha sido “necesario” aumentar su dulzor para que más personas lo consuman; un trozo de sandía es muy dulce, es alto en azúcares totales y glicémicos, es decir, es lo más parecido a un helado de agua natural. Pero un helado de sandía, también se puede hacer con agua, añadir azúcar, sabores y colores artificiales, aportando las mismas calorías. Es el consumidor quien decide si compra una sandía fresca y congela sus trozos antes de comer, o si compra la marca de helado de sandía que más le gusta. En ambos casos sube el azúcar en la sangre, su páncreas produce insulina y es rico.

 

Pero endulzar con Eritritol + Stevia o Eritritol + Sucralosa, las dos alternativas que ofrece Incauca Vital, es otra cosa. El eritritol es un primo hermano de la sacarosa, que es invisible para el páncreas; es decir, no llega a la sangre y por ende no pide insulina que se produce en el páncreas y de la que tenemos un número limitado de unidades a lo largo de la vida. Es un poliol o un polialcohol natural, lo hemos consumido siempre en frutas e incluso nuestros glóbulos rojos son capaces de producirlo. Es decir, es un carbohidrato no glucémico según la norma de etiquetado nutricional (Ministerio de Salud y Protección Social, 2021), porque nos da sabor dulce pero no sube los niveles de glucosa en la sangre.

 

¿Stevia o Sucralosa?

 

Ambos son endulzantes o edulcorantes o realzadores de sabor dulce, también tienen sello frontal de advertencia. La decisión la toma el consumidor basado en su capacidad para diferenciar un sabor residual amargo que para algunos es molesto y para otros puede ser indiferente. Su diferencia es con el azúcar, dado que no aportan energía, por eso en el camino Vital siguen siendo diferentes, porque van unidas al eritritol (primo hermano de la sacarosa) y no a otros azúcares como las maltodextrinas (hermanas de la sacarosa de caña).  

 

A manera de conclusión, a pesar de nuestra evolución como especie, la disponibilidad de nutrientes determina la sobrevivencia y nuestros cuerpos se adaptan a largos periodos de hambruna siempre y cuando pueda mantener adecuados niveles de azúcares en la sangre. Con la industrialización y avances agrícolas, buena parte de la humanidad nunca ha estado en desnutrición; sin embargo, las enfermedades asociadas a la abundancia calórica suponen un alto costo para los sistemas de salud modernos (Shah & Wondisford, 2023). Por esta razón, persuadir al consumidor acerca de que es Vital establecer la justa medida de calorías dulces de la sacarosa o de la importancia de poder endulzar sin calorías, con eritritol, stevia y sucralosa, es el arte y la ciencia detrás del portafolio que ofrece Incauca. 

 

Cuando deshumanizamos la obesidad como una resultante de decisiones de consumo, podemos cambiar la mirada sobre sus causas biológicas y el verdadero desafío para quienes han hecho de la necesidad de endulzar la vida de la gente, una industria eficiente y sostenible, y que hoy ofrecen opciones saludables.

Respira & Endulza

Cuando la respiración facilita el movimiento 

Joseph Pilates

 

La filosofía del entrenamiento propuesto por Joseph Pilates se basa en la concepción “Cuerpo & Mente”; es un sistema comprensivo de ejercicios a partir de 6 principios: Centro – en inglés: CORE-, concentración, control, precisión, fluidez y respiración. Aplicando estos principios a una rutina de entrenamiento físico, los sistemas nervioso-miofascial y esquelético, han mostrado resultados efectivos en movilidad y resistencia, recurriendo a contracciones isométricas e isotónicas (concéntricas y excéntricas), respirando y con énfasis en la estimulación neuromuscular y de la fascia, con efectos positivos en la capacidad cardiorrespiratoria (Tarnas , y otros, 2024).

Una de las formas de medir mejoras en la capacidad cardiorrespiratoria, es el consumo máximo de oxígeno que debe aumentar y eso se logra con ejercicio vigoroso. A partir de los principios del método Pilates, se han descrito efectos positivos en la fuerza muscular para respirar, el equilibrio, la calidad de vida y el rendimiento físico en general, en personas sanas o con alguna enfermedad, gracias a la estimulación neuromuscular (Fernández-Rodríguez , y otros, 2019).

Por su parte, desde la neurociencia y la psicología, los cambios en el sistema respiratorio pueden contribuir a mejorar diferentes alteraciones en la digestión, el corazón, el estado de ánimo y los comportamientos adictivos. Aunque respirar es una actividad inconsciente, automática, podemos tomar control cuando cambia la intensidad, por ejemplo en el ejercicio; o a través del entrenamiento que se logra con la meditación para integrar, para conectar el cuerpo y la mente. Estados de ánimo como el miedo y la ansiedad, incrementan la tasa respiratoria aumentando la captación de oxígeno y aumentando la disponibilidad de energía para el estado de alerta y supervivencia, pero es una forma desregulada (Weng , y otros, 2021); en cambio, en el ejercicio donde hay control y concentración, todo es bueno, no sólo se capta más oxígeno sino se aumenta la cantidad de energía disponible a partir de las reservas de grasa del cuerpo.

La capacidad de percibir y monitorear cambios sutiles en las señales corporales se conoce como interocepción o propiocepción; todo el tiempo estamos recibiendo señales de los músculos, de la piel, las articulaciones. Perder esta capacidad del cerebro es un síntoma de disfunción psicológica. Por ejemplo, para una alteración de la conducta alimentaria, anorexia nerviosa, el tratamiento incluye mejorar la habilidad para percibir y reconocer las sensaciones corporales de sus emociones (Moccia, y otros, 2025). 

Endulzar SÍ… ¿Cuánto? Tu cuerpo te da la señal

 

Después de cada comida grande o rica en calorías y nutrientes, el sistema digestivo envía señales como la sensación de saciedad; otras como lo que muchas personas refieren de no poder dejar de tomar líquido con cada bocado de alimento sólido porque “se sienten atoradas”, o incluso llegar a sentirse “empalagado” por un postre muy dulce que produce hastío, son expresiones corporales difíciles de medir, pero es posible recuperar la capacidad de sentirlas gracias a la práctica de una respiración consciente. En la práctica de pilates es muy frecuente sentir que un músculo “se quema” o una expresión común, se exige tanto que llega “al fallo”; así debería ser con el dulzor y el resultado es un control de la cantidad de azúcar que el cuerpo necesita para suplir su necesidad y aumentar la disponibilidad de energía calórica para moverse.

Y es que comer o hacer ejercicio cambia la frecuencia regular, inconsciente de la forma como respiramos, porque en ambos casos necesitamos más oxígeno, que es clave para el trabajo de los sistemas que intervienen en la digestión, igual que el trabajo que hace el músculo bajo estímulo de carga, fuerza y potencia. 

Cuánto y cómo comer es el resultado de complejas interacciones cognitivas, emocionales y energéticas; este equilibrio se logra en la medida que entrenamos la relación consciente entre el cuerpo y la mente. 

El consumo, de azúcar o de oxígeno, “energías para el movimiento”, son experiencias hedónicas, la primera asociada al sentido del gusto, la segunda a la felicidad de sentir envejecer bonito, de conservar la capacidad de moverse libremente y sin dolor, con el paso de los años. Por su parte, aprender a usar el azúcar o a respirar, involucra el deseo, ansia, impulso de acercarse a una recompensa. 

Todos los nutrientes, proteínas, grasas y carbohidratos influyen en el metabolismo del oxígeno, por esta razón ejercitar la respiración para lograr el volumen óptimo de oxígeno, es una estrategia eficiente para disminuir la velocidad a la que nos oxidamos (McKeown, 2015), a la que envejecemos. La literatura científica no es concluyente acerca de la importancia de la actividad física en la pérdida de peso y la mejora en la composición corporal, sobretodo si se genera un imbalance entre las bajas calorías de una dieta restrictiva y el aumento en el gasto de energía con ejercicio físico, especialmente en personas con sobrepeso (Rayes , y otros, 2019). Pero la evidencia abunda respecto del entrenamiento físico y cambia el modo automático como respiramos y cómo se modula la respuesta metabólica en la vida diaria.

Respirar, no para sobrevivir, sino para conectar

 

Los beneficios del método Pilates se explican por 3 posibles efectos: 1. Fortalece la región lumbo-pélvica. 2. Aumenta la flexibilidad y 3. Respirar con las costillas (Fernández-Rodríguez , y otros, 2019). Parece obvio pero quizás no lo es; el primero induce movimientos más eficientes con brazos y piernas mientras aumenta la fuerza en los músculos con los que votamos el aire que ya usamos, el CO2. La flexibilidad, se puede explicar como una mejora en la movilidad de músculos que dejamos de usar en la medida que adoptamos malas posturas, por permanecer sentados tanto tiempo, por adaptarnos a un dolor o debilidad muscular. En lo que respecta a la respiración, la técnica contribuye a aumentar la capacidad pulmonar y el movimiento de los músculos que mueven las costillas, mejorando el flujo de oxígeno en la sangre y todos los músculos

 

En conclusión, respirar es un proceso natural sin el que no podríamos vivir; sin embargo, también sabemos que es un mecanismo vital que sensibiliza y se intensifica bajo situaciones diversas, que podemos mejorar la percepción a través del entrenamiento físico. Según Nazareth Castellanos, estudios recientes han evidenciado que la actividad electrofisiológica del cerebro, la percepción, las acciones motoras y el aprendizaje, dependen de las diferentes fases del ciclo respiratorio: inhalar, exhalar o apnea (#Neurociencia @nazareth.castellanos. El puente donde habitan las mariposas) (Nakamura, N H; Oku, Y; Fukunaga, M;, 2024). 

 

Entendiste todo si tu respiración ya no es tan automática….. / y tu forma de endulzar es a conciencia.

¿Y si humanizamos el azúcar y deshumanizamos el sobrepeso y la obesidad?

El peso corporal, una forma de medir la salud de nuestra especie, es hoy un indicador de bienestar, e incluso quizás en la evolución como sociedad, ha sido la forma de comparar, de compararse en cuanto al nivel de desarrollo y nivel de ingresos. “El gordo se impone inicialmente en la antigua institución. Impresiona, seduce… Encarna la abundancia al representar la riqueza en un universo donde reinaba el hambre y la precariedad. Durante la edad media se instala una duda sobre la virtud de la gordura, incluso un conflicto de imagen; no se trata de que desaparezca de golpe el prestigio de lo gordo. Por el contrario, un universo de moral se demora más en el peligro de los excesos, se trata de una crítica del comportamiento más que de la estética o de la morbidez” (Vigarello, 2011). 

 

La prevalencia de sobrepeso y obesidad entre los niños de 5 a 19 años sigue incrementando en el mundo, el comportamiento alimentario desarrollado en ambientes obesogénicos que no sólo inducen sedentarismo sino una exposición aumentada a la información digital. Sin embargo, no se ha podido evidenciar el efecto, la influencia que puede ejercer el mercadeo de alimentos sobre las elecciones saludables entre niños y adolescentes, sólo por la exposición a imágenes y los patrones de activación en el cerebro.

 

Lo que sí se ha podido establecer, es la influencia positiva de los hábitos alimentarios de los padres sobre los niños; en los adolescentes especialmente, la actividad cerebral para las regiones visuales (corteza occipital lateral izquierda) con la exposición de imágenes, por ser una etapa de autonomía entre otros factores socioculturales, direccionan con más influencia las elecciones de los adolescentes (Sina, Boakye, Christianson, Ahrens, & Hebestreit, 2022). 

 

La comunicación en salud donde las tecnologías digitales han ido en aumento, juega un papel clave en la entrega e intercambio de información entre individuos, comunidades, sistema de salud y salud pública en general; entender los puntos de vista de la gente y sus experiencias, puede llevarnos a un firme conocimiento para proponer mejores contenidos y estrategias que promuevan cambios de comportamiento. En este contexto, la síntesis de evidencia cualitativa sirve para construir la mejor forma de comunicarse, hablando de salud; este método puede convertirse en la herramienta que ha de usar la Organización Mundial de la Salud -OMS en sus lineamientos de uso de las tecnologías digitales para el fortalecimiento de los sistemas de salud (Ryan & Hill, 2019). 

 

Justamente la OMS estima que para el 2050 la cantidad de personas mayores de 60 años podría llegar a 2.1 billones, de los cuales 1.7 billones estarán en países de ingreso bajos y medios, entre quienes también se ha reportado un aumento de la obesidad, el sobrepeso y las enfermedades no transmisibles, en las últimas décadas ( (Popkin, y otros, 2021); por eso las Naciones Unidas han declarado que en la década del 2021 al 2030 los esfuerzos se deben dedicar al envejecimiento saludable basado en mejorar el acceso a intervenciones esencialmente orientadas al estilo de vida. Se sabe que la restricción calórica moderada reduce la incidencia de enfermedades crónicas asociadas a la edad, es segura y efectiva en la promoción de la salud cardiometabólica, promueve el equilibrio de células del sistema inmune, la regulación bioenergética de las mitocondrias y la respuesta antiinflamatoria. Otro factor importante es la óptima hidratación, que se mide a través de los niveles sanguíneos de sodio, el nivel de ejercicio o actividad física que incremente el gasto de energía, la interacción social especialmente para la salud cognitiva, la memoria, el lenguaje, y algunos estudios proponen incluso nunca haber fumado o tomado alcohol (The Lancet, 2023).

 

Pero mientras entre 1990 y 2010 los esfuerzos de los países de ingresos medios y bajos estuvieron enfocados en reducir la desnutrición, descuidando los índices de obesidad, hoy la OMS pide, especialmente en América Latina y Sudáfrica, políticas nacionales orientadas a regular el consumo de azúcar añadida, sodio y grasas no saludables, así como reducir el consumo de alimentos “ultraprocesados”, incluyendo bebidas azucaradas de alta densidad energética y alimentos empaquetados pobres en nutrientes, por la fuerte asociación reportada entre su consumo y el desarrollo de enfermedades no transmisibles y ganancia de peso (Popkin, y otros, 2021). 

 

Pero aún hay un factor por integrar: el cambio climático; así, quedamos enfrentados a un escenario sanitario de alta complejidad que la comunidad científica ha definido como SINDEMIA GLOBAL y que suma 88% de población con algún signo de malnutrición – ya sea por consumo subóptimo de nutrientes o sobreconsumo de alimentos “no saludables”- que comparte factores comunes subyacentes, no sólo generan un impacto en la producción de gases de efecto invernadero, sino que inducen estilos de vida sedentarios (Martorell, Ulloa, Gonzalez, Martinez- Sanguinetti, & Celis-Morales, 2020). 

 

Las guías alimentarias de Israel y Brasil ya consideran acciones bajo este enfoque triple de la sindemia global: sobrepeso/obesidad, baja talla/desnutrición y sostenibilidad ambiental; se requiere que la industria alimentaria desarrolle productos menos procesados que surtan algún beneficio en el manejo del peso corporal y enfermedades crónicas no transmisibles, mientras promueven la máxima expresión del potencial genético de estatura (índice talla/edad) en los países de renta media y baja. 

 

La salud pública hoy, realmente es un escenario sanitario de alta complejidad, y es ahí donde nuestro trabajo desde el sector privado, productor de energías renovables – solar convertida en calorías, wats y octanos-, podría humanizar el azúcar y deshumanizar el sobrepeso y la obesidad. No sólo se trata de las decisiones alimentarias, se trata de una relación producción/consumo sustentable. 

 

Para este documento compuesto de 4 artículos redactados bajo la metodología de revisión sistemática y crítica de la literatura científica, se tienen en cuenta los temas y lineamientos que se han concretado en los dos últimos años, claves para orientar persuasiva y éticamente al consumidor en lo que respecta al consumo de azúcar: Emociones, Dulzor, Glicemia – Insulina y Deporte.

 

  1. Emociones. En los últimos años, se ha hecho énfasis especial en la dieta como uno de los factores modificables para mejorar la salud mental; es frecuente que en desórdenes mentales severos como la esquizofrenia o la bipolaridad, e incluso el síndrome asperger y los trastornos generalizados del desarrollo, las personas se inclinen por un consumo pobre de vegetales y alta ingestión de grasas saturadas. Una dieta saludable puede mejorar el pronóstico de diferentes condiciones psiquiátricas; el impacto de los rasgos de la personalidad tales como neurosis, impulsividad y sensibilidad los configura como factores de riesgo para la obesidad, mientras que el autocontrol se sabe es un factor protector en el control del peso corporal. La identificación de características específicas de la personalidad, puede ser efectivo en programas preventivos de educación y promoción de estilos de vida saludable; por ejemplo, se ha observado que la preferencia por los alimentos dulces está asociada a neurosis, extroversión y baja empatía. Otros estudios reportan que el consumo de azúcar y dulce se da en individuos con alexitima e histeria y bajo sentido de coherencia (Esposito, Ceresa, & Buoli, 2021). 

 

  1. Dulzor. La fisiología es el método analítico a partir de la que se integran los estímulos sensoriales que captamos por los sentidos con un efecto específico, con una respuesta metabólica (Wilk, Korytek, Pelczynska, Moszak, & Bogdanski, 2022). Visto así, cualquier endulzante, con diferente aporte calórico, incluso Vital, estimula la misma respuesta, que sólo se diferencia en el intestino donde discrimina el tipo de molécula asociada al sabor que se captó en la lengua (azúcar, eritritol, sucralosa o stevia). El edulcorante va del gusto (lengua) sin pasar por olfato (no hay compuestos volátiles que los diferencien) directo al cerebro; allí no sólo desencadena una respuesta emocional, sino que activa cascadas de señalización que van inicialmente al páncreas (producción de insulina). Una vez pasa por el estómago y llega al intestino, dependiendo del tipo de molécula edulcorante, se activan hormonas contrareguladoras de la insulina conocidas como la familia de las Incretinas, que es donde se genera un cambio en la respuesta metabólica entre los azúcares (desde 1 unidad monomérica, hasta 9) y los no azúcares (polioles, esteviosidos y sintéticos). 

 

  1. Glicemia / Insulina. El metabolismo de la glucosa y la sensibilidad a la insulina hoy en día se consideran líneas de investigación-intervención que representan factores de riesgo en envejecimiento acelerado y enfermedades no transmisibles asociadas a un estilo de vida insano. Considero este bloque temático, clave para orientar a la industria, quienes utilizan el azúcar como ingrediente en la sustitución o reformulación de sus productos (Dai & Chau, 2017); más que para el consumidor, en aras de no reforzar la falsa tendencia de tomar glucomentrías en personas sanas, asesorar a la industria en los recursos técnicos de diferentes ingredientes que aporten cuerpo y dulzor activando hormonas contrareguladoras de insulina (Buranapin, Kosachunhanan, Waisayanand, Yokoi, & Tokuda, 2024), es una forma de “deshumanizar la obesidad” mientras humanizamos la función del azúcar añadido.

 

  1. Deporte. El músculo esquelético es “el órgano” más grande del cuerpo humano, si partimos de que representa el 40% de la masa corporal. Provee estructura física, movilidad, protección para los órganos vitales del cuerpo y ayuda a regular la temperatura corporal y el metabolismo basal (Jun, Robinson, Geetha, Brioderick, & Ramesh Babu, 2023). Además representa las reservas protéicas. Cuando la velocidad de degradación de proteína excede la de renovación, por la razón que sea (dietas occidentales altas en sodio y azúcar, obesidad, diabetes, Alzheimer, envejecimiento, desnutrición), ocurre la atrofia muscular, técnicamente conocida como sarcopenia. El músculo empieza a decaer a los 50 años de edad y se acelera dramáticamente después de los 60, llegando a una disminución del 50% a los 80 años; este proceso fisiológico se puede modular de acuerdo al nivel de actividad física y es diferente entre hombres y mujeres. En general, es el principal aliado en la búsqueda del equilibrio metabólico de los nutrientes y especialmente la glucosa y la sensibilidad a la insulina (Jun, Robinson, Geetha, Brioderick, & Ramesh Babu, 2023).